Pasamos el poco tiempo que nos queda de viaje sin hablar y ella se retoca como puede para aparentar normalidad en ese nuevo lugar al que la llevaba.
Pronto veo la casa y tomo el camino de la derecha para llegar a ella. Es un gran terreno con una gran piscina, una gran casa y, en fin, con un gran de todo. Se ve que no tiene demasiados problemas de dinero y así se puede permitir las fiestas que se monta, y con quien se las monta...
Nada más acercar el coche al negro portalón, este empieza a abrirse mientras una voz femenina nos saluda a través de un altavoz incrustado en la pared. Entramos y al parar el coche la miro y veo, por primera vez, su cara de perplejidad ante un sitio tan desconocido. Me mira y empieza a abrir la boca para, supongo, preguntar.
-Vamos -la interrumpo mientras abro la puerta y empiezo a salir.
Parece haber captado que no estaba de broma cuando le dije que habría consecuencias y ahora parece temerme, por primera vez, de verdad. Aunque espero que recuerde nuestro trato y como detenerlo así que, si no lo hace, es porque en el fondo está disfrutando de ser mi obediente perra.
Sale ella también del coche y nos aproximamos a la puerta de la casa (tomando yo la iniciativa y caminando delante). Sin necesidad de llamar, la puerta se abre y nos recibe una hermosa mujer de cabellos dorados, ojos verdes, piel clara y grandes pechos. Lleva puesta una camisa de hombre que le cubre por debajo de sus nalgas y algo me dice que esa es la única prenda de ropa que lleva encima.
-Bienvenidos -nos recibe mientras nos invita a entrar.
-Gracias -contestamos, casi al unísono, y entramos.
-Mi amo -empieza a decir alegre y con tono servicial-os está esperando en el salón, seguidme.
Seguimos sus pasos por la gran estancia y en el momento de subir unas pequeñas escaleras es cuando confirmo lo que me temía, por debajo no lleva nada. Sus nalgas rebotan mientras sube escalón a escalón y a nosotros nos deja una perfecta visión de las mismas.
Trece escalones más tarde llegamos al piso de arriba y mi mano se cuela por debajo del vestido de Miriam para ir acariciando y pellizcando su culo durante el trayecto.
Por fin llegamos a una gran estancia en la que hay una mesa para, mínimo, diez comensales, dos grandes sofás, una mesa de billar, una chimenea y un gran televisor. Justo antes de entrar, mi mano baja un poco más hasta llegar a su coño y mis dedos índice y corazón se pasean entre los labios del coño de mi desobediente zorra. Saco la mano de debajo de su vestido y le meto mis húmedos dedos en la boca. Me los chupa y le doy un cachete por encima de la ropa para entrar en el salón.
En uno de los sofás está él sentado y nada más vernos se levanta para saludar.
-¡Cuanto tiempo! -me dice mientras me da un corto abrazo -Veo que por fin has seguido mi consejo y te has hecho con una buena zorra -dice mientras examina a Miriam y sonríe -. Ven, sentémonos.
Vuelve al sofá donde estaba sentado y nosotros le acompañamos. La mujer rubia se sienta a su lado y Miriam al mío, apenas apartados los unos de los otros.
Sin mediar palabra, le mete la mano bajo la camisa a su pareja y empieza a besarla con pasión. De repente hace un brusco movimiento hacia delante para penetrarla con sus dedos (supongo) y ella suelta un tímido gemido. Miriam y yo presenciamos el espectáculo mientras lo repite otras tres veces antes de encararse a nosotros y empezar a hablar. A ella mirar le gusta y estar tan cerca de la acción la ha puesto cachonda, haciendo que el deseo se escape por sus ojos, que apuntan dirección al coño de la rubia, que estaba abierta de piernas y lo dejaba a la vista.
-¿Te gusta el coño de mi zorrita? -le pregunta a Miriam, que sigue absorta en su deseo.
Al escuchar estas palabras vuelve al mundo real y su timidez aflora, haciendo que su cara se ponga rápidamente roja. Me mira para buscar ayuda y yo se la brindo.
-Contesta -le ordeno.
Se pone aún más roja y baja la cabeza. Vaya, parece que mi ayuda no le ha servido de demasiado. Quizás no me haya entendido.
-Te he dicho -empiezo a decir mientras levanto su mentón con mi mano y clavo mis ojos en los suyos -, que contestes.
-Sí amo -masculla y se gira para mirarlo a él -. Sí, me gusta.
Él sonríe, lleva su mano al coño de la rubia y palpa sus labios y su clítoris disfrutando de cada centímetro, haciendo que Miriam arda aún más en deseo.
-Es tuyo si lo deseas -le dice él volviendo la vista hacia Miriam.
Ella se queda un momento paralizada por lo que le acaba de decir pero rápidamente se gira para mirarme y buscar mi aprobación.
-Amo, ¿puedo, por favor? -me pregunta.
-Puedes.
-Gracias amo -sonríe y salta del sofá como un resort.
-Un momento -la interrumpo en su entusiasmo -, quítate eso -ordeno señalando su vestido.
-Sí amo -contesta cachonda perdida y dejando rápidamente su cuerpo al alcance de nuestros ojos, que se deleitan con cada una de sus curvas.
-Tú no vas a ser menos, desnúdate -ordena él a la rubia, que se quita rápidamente la camisa tras un ''Sí amo''.
Se recuesta en el sofá, dejando a la vista su también tremendo cuerpo, y abre aún más las piernas. Miriam se pone de rodillas, acerca la boca hasta su coño y empieza a mover rápidamente la lengua por encima de su clítoris mientras pellizca sus pequeños pezones. Los gemidos no tardan en aparecer y la rubia se empieza a retorcer en el sofá mientras aprieta la cabeza de Miriam contra su cuerpo.
Nosotros, mientras tanto, disfrutamos del espectáculo que, a mi al menos, me está poniendo muy cachondo.
-Deja sus tetas y mete esos dedos en su culo -ordeno.
-Sí... amo -contesta sin dejar de comerle el coño a la otra.
Obedece y pronto la intensidad y frecuencia de los gemidos aumenta. Las piernas de la rubia ahora no paran de moverse y aprietan sistemáticamente la cabeza de Miriam mientras las manos están agarradas a su pelo y empujan su cabeza constantemente contra el coño.
Los gemidos siguen siendo cada vez más fuertes. Cierra los ojos y sube la cabeza. Su vientre se eleva también y los gemidos no dejan de salir de su boca al tiempo que contrae todo su cuerpo alrededor de la cabeza de Miriam. El ruido de su húmedo coño es cada vez mayor y el orgasmo se aproxima.
Parece que ya no aguanta más y prepara la llegada al clímax, que está a tan solo unas pocas penetraciones en su ano.
-Suficiente -corta él con una tranquilidad inquietante.
Ambas se detienen y le miran. Se levanta y coje de la mano a la rubia, que lo sigue hasta la mesa de billar. La pone con el torso sobre ella (aplastando sus grandes tetas) y azota su culo con fuerza, haciendo que ella suelte un grito.
-Acaba tú el trabajo si te apetece -dice mientras me mira sonriente y vuelve a azotar su trasero.
Ni lo dudo, me levanto y me acerco a la rubia, que me mira con ganas. Miriam sigue tirada en el suelo cachonda como una perra y no me olvido de ella.
-Ven -le digo mientras la ayudo a levantarse.
Me sigue y la llevo hasta la mesa de billar, donde están los otros dos.
-Agradécele la hospitalidad como tú sabes -le digo mientras la empujo por el culo hacia él -. Ahora es tuya por un rato, disfrútala.
Me sonríe y empieza a besarla mientras agarra con fuerza sus nalgas. Me desentiendo de ambos y yo voy a por lo mío. La rubia, aún en la misma posición sobre la mesa, espera con ansias que me la folle. Me acerco, palpo sus nalgas y me quito los pantalones, dejando libre mi empalmada polla.
-Ponte de rodillas.
Lo hace y empiezo a meterle mi polla en la boca, ella empieza a jugar con su lengua por mi capullo y pronto estoy totalmente empalmado. Agarro su cabeza y se la empiezo a meter hasta la garganta. Por lo visto, el deepthroat se le da bastante bien y meterse mi polla entera en su boca, no es un gran problema así que aprovecho la ocasión. Me follo su boca con rapidez y fuertes embestidas mientras su nariz choca contra mi cuerpo.
Paro un segundo y dejo que me limpie la polla de sus babas. Se la saco de la boca y tiro de su pelo levemente hacia arriba para que se ponga en pie. La llevo hasta el sofá y hago que se ponga de forma que sus piernas queden en el respaldo y su boca en la parte donde deberían estar estas normalmente para así poder follarme su boca mejor.
Acerco mi polla de nuevo a su boca y se la meto despacio hasta la garganta. Cuando está dentro, me inclino hacia delante y apoyo mis manos en el sofá para empezar a follarme su boca como si fuera un coño. Mis caderas se empiezan a mover rápidamente haciendo que mi miembro entre y salga rápidamente de su boca mientras escucho de fondo los gemidos de Miriam.
Parece que esta posición le cuesta algo más y de vez en cuando suelta alguna pequeña arcada pero sin mayor importancia. Tras varias fuertes embestidas, meto mi polla hasta lo más profundo de su garganta y veo como su cuerpo se retuerce al tenerla tan dentro. Me mantengo así un momento y se la saco de golpe. Toma una buena bocanada de aire y se la vuelvo a meter hasta el fondo, dejándola ahora más tiempo dentro. Al quitarla, de nuevo toma aire con fuerza y yo azoto, con quizás demasiada dureza, su mojado coño, haciendo que suelte un grito de dolor. Me saco de encima de ella y me siento en el sofá, haciéndole un gesto para que se monte sobre mi polla.
Mi falo entra hasta lo más profundo de su coño y ella se propone a follarme pero la interrumpo.
-Te has equivocado de agujero.
Me pide perdón con un gesto y se saca la polla del coño para metérsela, ahora con más cuidado, en el culo. Me voy abriendo paso por su ano hasta introducirla toda dentro de él y la sujeto por las caderas para hacerla subir y bajar con la ayuda de sus piernas. Poco a poco el ritmo aumenta y mi polla va dejando su culo cada vez más mojado, lo que facilita la penetración. Pronto empieza a gemir y lleva una mano hasta su coño. Empieza a moverla rápidamente dibujando círculos y los gemidos aumentan de intensidad. Apoya la otra mano en mi pierna para no perder el equilibrio y echa el cuerpo hacia atrás al tiempo que aumenta el ritmo.
El orgasmo está cerca y lo veo venir. Dejo sus caderas (que se valen de sobra por si mismas) y llevo mis dedos hasta sus pezones. Los agarro con firmeza y tiro de ellos hasta que se retuerce y suelta un grito. Pongo mis brazos tras su espalda y la traigo sus tetas contra mi cara. Mi boca se va al pezón derecho y empieza a morderlo al tiempo que sigue tirando de él. Ella está ya a punto y su respiración se altera mucho. Es el momento.
-No te corras -ordeno cuando sé que ya no hay marcha atrás.
Me la follo aún más fuerte mientras digo estas palabras y ella no lo puede reprimir, gime tímidamente porque sabe que ha desobedecido mi orden. En verdad, esa era mi intención.
-Veo que a ambas os cuesta aprender modales -le empiezo a decir -, sobre la mesa -ordeno señalando a la mesa de billar.
Sin decir nada, se levanta recuperando el aliento y se dirije a donde le he indicado. Pone de nuevo sus tetas sobre la mesa y yo me acerco con tranquilidad por detrás. Giro la cabeza y veo como Miriam está disfrutando de lo lindo al otro lado de la estancia sobre la mesa destinada para las comidas con el otro.
-¿No te han enseñado modales en tu casa? -pregunto desafiante al tiempo que azoto con fuerza su culo.
-Perdón, no he podido... -empieza a decir pero un nuevo azote hace que se calle y suelte un grito.
-No necesito que me des explicaciones y ahora soy tu amo -vuelvo a azotarla con fuerza -, así que trátame como tal.
-Sí amo, perdón... -un nuevo azote hace que se calle y vuelva a gritar.
-Bien, quédate ahí, ahora vuelvo. No te muevas -la amenzazo.
-Sí amo.
Me acerco a la mesa del comedor donde Miriam se está tragando la polla del otro hasta dentro y hablo con él. Una vez aclarada mi duda, me agacho para apretarle una teta a mi perrita.
-Te necesitaré en un ratito -le digo casi susurrando y la dejo a lo suyo.
Poco después estoy de vuelta con dos largas y gruesas cuerdas. La rubia se sorprende, y no es para menos.
-A ver si ahora aprendes a obedecer las órdenes de tu amo -le digo mientras azoto de nuevo su enrojecida nalga.
Me acerco hasta sus muñecas y ato cada una de ellas con uno de los extremos de las cuerdas, los otros extremos quedarán atados a las patas de la mesa, para que no se pueda mover.
Me vuelvo a poner tras ella y abro sus piernas, dejándola todavía más estirada y vuelvo a azotar su más que enrojecida nalga.
-Miriam, ven -digo al ver que ha acabado su trabajo.
-Sí amo -dice rápidamente al tiempo que se levanta y viene hacia mí.
-Toma -le entrego mi cinturón -, quiero que enseñes a esta zorra modales. ¡Dale!
-Pero, yo...
-Obedece -le ordeno en un tono muy autoritario e intimidante.
-Sí amo.
Alza el brazo cinturón en mano y lo baja con fuerza hasta que este se estrella en la cacha de nuestra amiga, produciéndole un fuerte grito.
-Sigue.
-Sí amo -contesta y repite la acción varias veces.
A cada nuevo golpe, en el culo de la rubia se van dibujando gruesas líneas rojas con la forma del cinturón. Miriam no se corta demasiado y la azota con ganas ante los lamentos de la otra.
-Suficiente -digo mientras detengo su brazo, que estaba preparado para un nuevo azote -. Creo que esto le bastará, ¿es así puta? -le digo ahora a la rubia.
-Sí amo -responde recuperando el aliento después de tantos golpes.
-Espero que así sea, buena chica -me giro hacia Miriam-. Buen trabajo encanto, puedes descansar -me vuelvo a la rubia -. Y ahora, acabaré lo que estaba haciendo.
Me acerco hasta su coño y meto mi polla, que seguía casi tan empalmada como antes. Me la empiezo a follar con fuerza y rabia, agarrándola por las caderas y empujando su cuerpo hacia el mío para penetrarla más profundamente. Estoy cerca y noto como la sangre me empieza a hervir. Aumento el ritmo y tras varias fuertes embestidas, me corro dentro de su coño, que está empapadísimo. Dejo la polla un momento dentro, doy una última embestida hasta lo más profundo y la saco al tiempo que azoto por última vez su castigado culo.
Me acerco hasta el sofá y me dejo caer mientras observo desde la distancia como el semen gotea por su coño, que seguía donde lo había dejado.
Minutos después, cuando estoy recuperado, me levanto y voy en calzoncillos a por mi zorrita para darnos un baño en la piscina de nuestro amigo antes de cenar. Ella estaba ahora en la cocina (en la planta baja) comiendo algo y charlando con él, que también se une a nuestro baño y los tres salimos a la terraza sin demasiada ropa encima.
-Te devuelvo a tu putita -le digo alegre -, no ha estado nada mal. Está arriba atada a la mesa de billar.
-Lo mismo digo -me dice sonriendo -, muy buena chica esta -y azota el culo de Miriam muy cariñosamente, haciendo que se le escape una risita tonta -. Id yendo a la piscina, ahora nos vemos.
-Hasta ahora -me despido y salimos de la casa.
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