Pasamos el poco tiempo que nos queda de viaje sin hablar y ella se retoca como puede para aparentar normalidad en ese nuevo lugar al que la llevaba.
Pronto veo la casa y tomo el camino de la derecha para llegar a ella. Es un gran terreno con una gran piscina, una gran casa y, en fin, con un gran de todo. Se ve que no tiene demasiados problemas de dinero y así se puede permitir las fiestas que se monta, y con quien se las monta...
Nada más acercar el coche al negro portalón, este empieza a abrirse mientras una voz femenina nos saluda a través de un altavoz incrustado en la pared. Entramos y al parar el coche la miro y veo, por primera vez, su cara de perplejidad ante un sitio tan desconocido. Me mira y empieza a abrir la boca para, supongo, preguntar.
-Vamos -la interrumpo mientras abro la puerta y empiezo a salir.
Parece haber captado que no estaba de broma cuando le dije que habría consecuencias y ahora parece temerme, por primera vez, de verdad. Aunque espero que recuerde nuestro trato y como detenerlo así que, si no lo hace, es porque en el fondo está disfrutando de ser mi obediente perra.
Sale ella también del coche y nos aproximamos a la puerta de la casa (tomando yo la iniciativa y caminando delante). Sin necesidad de llamar, la puerta se abre y nos recibe una hermosa mujer de cabellos dorados, ojos verdes, piel clara y grandes pechos. Lleva puesta una camisa de hombre que le cubre por debajo de sus nalgas y algo me dice que esa es la única prenda de ropa que lleva encima.
-Bienvenidos -nos recibe mientras nos invita a entrar.
-Gracias -contestamos, casi al unísono, y entramos.
-Mi amo -empieza a decir alegre y con tono servicial-os está esperando en el salón, seguidme.
Seguimos sus pasos por la gran estancia y en el momento de subir unas pequeñas escaleras es cuando confirmo lo que me temía, por debajo no lleva nada. Sus nalgas rebotan mientras sube escalón a escalón y a nosotros nos deja una perfecta visión de las mismas.
Trece escalones más tarde llegamos al piso de arriba y mi mano se cuela por debajo del vestido de Miriam para ir acariciando y pellizcando su culo durante el trayecto.
Por fin llegamos a una gran estancia en la que hay una mesa para, mínimo, diez comensales, dos grandes sofás, una mesa de billar, una chimenea y un gran televisor. Justo antes de entrar, mi mano baja un poco más hasta llegar a su coño y mis dedos índice y corazón se pasean entre los labios del coño de mi desobediente zorra. Saco la mano de debajo de su vestido y le meto mis húmedos dedos en la boca. Me los chupa y le doy un cachete por encima de la ropa para entrar en el salón.
En uno de los sofás está él sentado y nada más vernos se levanta para saludar.
-¡Cuanto tiempo! -me dice mientras me da un corto abrazo -Veo que por fin has seguido mi consejo y te has hecho con una buena zorra -dice mientras examina a Miriam y sonríe -. Ven, sentémonos.
Vuelve al sofá donde estaba sentado y nosotros le acompañamos. La mujer rubia se sienta a su lado y Miriam al mío, apenas apartados los unos de los otros.
Sin mediar palabra, le mete la mano bajo la camisa a su pareja y empieza a besarla con pasión. De repente hace un brusco movimiento hacia delante para penetrarla con sus dedos (supongo) y ella suelta un tímido gemido. Miriam y yo presenciamos el espectáculo mientras lo repite otras tres veces antes de encararse a nosotros y empezar a hablar. A ella mirar le gusta y estar tan cerca de la acción la ha puesto cachonda, haciendo que el deseo se escape por sus ojos, que apuntan dirección al coño de la rubia, que estaba abierta de piernas y lo dejaba a la vista.
-¿Te gusta el coño de mi zorrita? -le pregunta a Miriam, que sigue absorta en su deseo.
Al escuchar estas palabras vuelve al mundo real y su timidez aflora, haciendo que su cara se ponga rápidamente roja. Me mira para buscar ayuda y yo se la brindo.
-Contesta -le ordeno.
Se pone aún más roja y baja la cabeza. Vaya, parece que mi ayuda no le ha servido de demasiado. Quizás no me haya entendido.
-Te he dicho -empiezo a decir mientras levanto su mentón con mi mano y clavo mis ojos en los suyos -, que contestes.
-Sí amo -masculla y se gira para mirarlo a él -. Sí, me gusta.
Él sonríe, lleva su mano al coño de la rubia y palpa sus labios y su clítoris disfrutando de cada centímetro, haciendo que Miriam arda aún más en deseo.
-Es tuyo si lo deseas -le dice él volviendo la vista hacia Miriam.
Ella se queda un momento paralizada por lo que le acaba de decir pero rápidamente se gira para mirarme y buscar mi aprobación.
-Amo, ¿puedo, por favor? -me pregunta.
-Puedes.
-Gracias amo -sonríe y salta del sofá como un resort.
-Un momento -la interrumpo en su entusiasmo -, quítate eso -ordeno señalando su vestido.
-Sí amo -contesta cachonda perdida y dejando rápidamente su cuerpo al alcance de nuestros ojos, que se deleitan con cada una de sus curvas.
-Tú no vas a ser menos, desnúdate -ordena él a la rubia, que se quita rápidamente la camisa tras un ''Sí amo''.
Se recuesta en el sofá, dejando a la vista su también tremendo cuerpo, y abre aún más las piernas. Miriam se pone de rodillas, acerca la boca hasta su coño y empieza a mover rápidamente la lengua por encima de su clítoris mientras pellizca sus pequeños pezones. Los gemidos no tardan en aparecer y la rubia se empieza a retorcer en el sofá mientras aprieta la cabeza de Miriam contra su cuerpo.
Nosotros, mientras tanto, disfrutamos del espectáculo que, a mi al menos, me está poniendo muy cachondo.
-Deja sus tetas y mete esos dedos en su culo -ordeno.
-Sí... amo -contesta sin dejar de comerle el coño a la otra.
Obedece y pronto la intensidad y frecuencia de los gemidos aumenta. Las piernas de la rubia ahora no paran de moverse y aprietan sistemáticamente la cabeza de Miriam mientras las manos están agarradas a su pelo y empujan su cabeza constantemente contra el coño.
Los gemidos siguen siendo cada vez más fuertes. Cierra los ojos y sube la cabeza. Su vientre se eleva también y los gemidos no dejan de salir de su boca al tiempo que contrae todo su cuerpo alrededor de la cabeza de Miriam. El ruido de su húmedo coño es cada vez mayor y el orgasmo se aproxima.
Parece que ya no aguanta más y prepara la llegada al clímax, que está a tan solo unas pocas penetraciones en su ano.
-Suficiente -corta él con una tranquilidad inquietante.
Ambas se detienen y le miran. Se levanta y coje de la mano a la rubia, que lo sigue hasta la mesa de billar. La pone con el torso sobre ella (aplastando sus grandes tetas) y azota su culo con fuerza, haciendo que ella suelte un grito.
-Acaba tú el trabajo si te apetece -dice mientras me mira sonriente y vuelve a azotar su trasero.
Ni lo dudo, me levanto y me acerco a la rubia, que me mira con ganas. Miriam sigue tirada en el suelo cachonda como una perra y no me olvido de ella.
-Ven -le digo mientras la ayudo a levantarse.
Me sigue y la llevo hasta la mesa de billar, donde están los otros dos.
-Agradécele la hospitalidad como tú sabes -le digo mientras la empujo por el culo hacia él -. Ahora es tuya por un rato, disfrútala.
Me sonríe y empieza a besarla mientras agarra con fuerza sus nalgas. Me desentiendo de ambos y yo voy a por lo mío. La rubia, aún en la misma posición sobre la mesa, espera con ansias que me la folle. Me acerco, palpo sus nalgas y me quito los pantalones, dejando libre mi empalmada polla.
-Ponte de rodillas.
Lo hace y empiezo a meterle mi polla en la boca, ella empieza a jugar con su lengua por mi capullo y pronto estoy totalmente empalmado. Agarro su cabeza y se la empiezo a meter hasta la garganta. Por lo visto, el deepthroat se le da bastante bien y meterse mi polla entera en su boca, no es un gran problema así que aprovecho la ocasión. Me follo su boca con rapidez y fuertes embestidas mientras su nariz choca contra mi cuerpo.
Paro un segundo y dejo que me limpie la polla de sus babas. Se la saco de la boca y tiro de su pelo levemente hacia arriba para que se ponga en pie. La llevo hasta el sofá y hago que se ponga de forma que sus piernas queden en el respaldo y su boca en la parte donde deberían estar estas normalmente para así poder follarme su boca mejor.
Acerco mi polla de nuevo a su boca y se la meto despacio hasta la garganta. Cuando está dentro, me inclino hacia delante y apoyo mis manos en el sofá para empezar a follarme su boca como si fuera un coño. Mis caderas se empiezan a mover rápidamente haciendo que mi miembro entre y salga rápidamente de su boca mientras escucho de fondo los gemidos de Miriam.
Parece que esta posición le cuesta algo más y de vez en cuando suelta alguna pequeña arcada pero sin mayor importancia. Tras varias fuertes embestidas, meto mi polla hasta lo más profundo de su garganta y veo como su cuerpo se retuerce al tenerla tan dentro. Me mantengo así un momento y se la saco de golpe. Toma una buena bocanada de aire y se la vuelvo a meter hasta el fondo, dejándola ahora más tiempo dentro. Al quitarla, de nuevo toma aire con fuerza y yo azoto, con quizás demasiada dureza, su mojado coño, haciendo que suelte un grito de dolor. Me saco de encima de ella y me siento en el sofá, haciéndole un gesto para que se monte sobre mi polla.
Mi falo entra hasta lo más profundo de su coño y ella se propone a follarme pero la interrumpo.
-Te has equivocado de agujero.
Me pide perdón con un gesto y se saca la polla del coño para metérsela, ahora con más cuidado, en el culo. Me voy abriendo paso por su ano hasta introducirla toda dentro de él y la sujeto por las caderas para hacerla subir y bajar con la ayuda de sus piernas. Poco a poco el ritmo aumenta y mi polla va dejando su culo cada vez más mojado, lo que facilita la penetración. Pronto empieza a gemir y lleva una mano hasta su coño. Empieza a moverla rápidamente dibujando círculos y los gemidos aumentan de intensidad. Apoya la otra mano en mi pierna para no perder el equilibrio y echa el cuerpo hacia atrás al tiempo que aumenta el ritmo.
El orgasmo está cerca y lo veo venir. Dejo sus caderas (que se valen de sobra por si mismas) y llevo mis dedos hasta sus pezones. Los agarro con firmeza y tiro de ellos hasta que se retuerce y suelta un grito. Pongo mis brazos tras su espalda y la traigo sus tetas contra mi cara. Mi boca se va al pezón derecho y empieza a morderlo al tiempo que sigue tirando de él. Ella está ya a punto y su respiración se altera mucho. Es el momento.
-No te corras -ordeno cuando sé que ya no hay marcha atrás.
Me la follo aún más fuerte mientras digo estas palabras y ella no lo puede reprimir, gime tímidamente porque sabe que ha desobedecido mi orden. En verdad, esa era mi intención.
-Veo que a ambas os cuesta aprender modales -le empiezo a decir -, sobre la mesa -ordeno señalando a la mesa de billar.
Sin decir nada, se levanta recuperando el aliento y se dirije a donde le he indicado. Pone de nuevo sus tetas sobre la mesa y yo me acerco con tranquilidad por detrás. Giro la cabeza y veo como Miriam está disfrutando de lo lindo al otro lado de la estancia sobre la mesa destinada para las comidas con el otro.
-¿No te han enseñado modales en tu casa? -pregunto desafiante al tiempo que azoto con fuerza su culo.
-Perdón, no he podido... -empieza a decir pero un nuevo azote hace que se calle y suelte un grito.
-No necesito que me des explicaciones y ahora soy tu amo -vuelvo a azotarla con fuerza -, así que trátame como tal.
-Sí amo, perdón... -un nuevo azote hace que se calle y vuelva a gritar.
-Bien, quédate ahí, ahora vuelvo. No te muevas -la amenzazo.
-Sí amo.
Me acerco a la mesa del comedor donde Miriam se está tragando la polla del otro hasta dentro y hablo con él. Una vez aclarada mi duda, me agacho para apretarle una teta a mi perrita.
-Te necesitaré en un ratito -le digo casi susurrando y la dejo a lo suyo.
Poco después estoy de vuelta con dos largas y gruesas cuerdas. La rubia se sorprende, y no es para menos.
-A ver si ahora aprendes a obedecer las órdenes de tu amo -le digo mientras azoto de nuevo su enrojecida nalga.
Me acerco hasta sus muñecas y ato cada una de ellas con uno de los extremos de las cuerdas, los otros extremos quedarán atados a las patas de la mesa, para que no se pueda mover.
Me vuelvo a poner tras ella y abro sus piernas, dejándola todavía más estirada y vuelvo a azotar su más que enrojecida nalga.
-Miriam, ven -digo al ver que ha acabado su trabajo.
-Sí amo -dice rápidamente al tiempo que se levanta y viene hacia mí.
-Toma -le entrego mi cinturón -, quiero que enseñes a esta zorra modales. ¡Dale!
-Pero, yo...
-Obedece -le ordeno en un tono muy autoritario e intimidante.
-Sí amo.
Alza el brazo cinturón en mano y lo baja con fuerza hasta que este se estrella en la cacha de nuestra amiga, produciéndole un fuerte grito.
-Sigue.
-Sí amo -contesta y repite la acción varias veces.
A cada nuevo golpe, en el culo de la rubia se van dibujando gruesas líneas rojas con la forma del cinturón. Miriam no se corta demasiado y la azota con ganas ante los lamentos de la otra.
-Suficiente -digo mientras detengo su brazo, que estaba preparado para un nuevo azote -. Creo que esto le bastará, ¿es así puta? -le digo ahora a la rubia.
-Sí amo -responde recuperando el aliento después de tantos golpes.
-Espero que así sea, buena chica -me giro hacia Miriam-. Buen trabajo encanto, puedes descansar -me vuelvo a la rubia -. Y ahora, acabaré lo que estaba haciendo.
Me acerco hasta su coño y meto mi polla, que seguía casi tan empalmada como antes. Me la empiezo a follar con fuerza y rabia, agarrándola por las caderas y empujando su cuerpo hacia el mío para penetrarla más profundamente. Estoy cerca y noto como la sangre me empieza a hervir. Aumento el ritmo y tras varias fuertes embestidas, me corro dentro de su coño, que está empapadísimo. Dejo la polla un momento dentro, doy una última embestida hasta lo más profundo y la saco al tiempo que azoto por última vez su castigado culo.
Me acerco hasta el sofá y me dejo caer mientras observo desde la distancia como el semen gotea por su coño, que seguía donde lo había dejado.
Minutos después, cuando estoy recuperado, me levanto y voy en calzoncillos a por mi zorrita para darnos un baño en la piscina de nuestro amigo antes de cenar. Ella estaba ahora en la cocina (en la planta baja) comiendo algo y charlando con él, que también se une a nuestro baño y los tres salimos a la terraza sin demasiada ropa encima.
-Te devuelvo a tu putita -le digo alegre -, no ha estado nada mal. Está arriba atada a la mesa de billar.
-Lo mismo digo -me dice sonriendo -, muy buena chica esta -y azota el culo de Miriam muy cariñosamente, haciendo que se le escape una risita tonta -. Id yendo a la piscina, ahora nos vemos.
-Hasta ahora -me despido y salimos de la casa.
Relatos Dominación
domingo, 27 de abril de 2014
miércoles, 23 de abril de 2014
Si amo [Parte 3]
-Estás muy guapa -enseguida me
enrojezco e intento esconder mi rostro bajo los largos y ondulados
mechones de mi pelo.
Me había invitado a ir al cine. No era
un lugar adecuado para ir de etiqueta pero me gustaba arreglarme y
sobretodo, me encantaba impresionarlo.
-Gracias amo -mi voz tímida contestaba
cortésmente.
Me había puesto un vestido de tirantes
finos que se ajustaban en mis hombros y bajaban en forma de pico
hasta llegar a mi poco desapercibido escote, resaltándolo
sutilmente. Llevaba un fino cinturón blanco a juego con mis
sandalias que hacían resaltar los mezclados colores del vestido.
Tengo la intuición de que en el cine me hará hacerle una mamada,
con lo cuál estoy encantada. Quiero volver a sentir su polla mojada
entrando y saliendo de mi boca mientras paso mi lengua por ella,
quiero lamerle la punta rosada del final. Me derrito con solo
pensarlo. Me miro al espejo y sonrío satisfecha. Lo observo sin que
el se dé cuenta. Se está atando los cordones de sus Vans negras. Él
está guapísimo, como siempre. Lleva unas calzonas vaqueras que le
llegan justo por encima de las rodillas y una camiseta negra con
cuello terminado en uve, le queda genial. Alza la vista y nuestras
miradas se cruzan en el espejo.
-Vamos antes de que se haga más tarde
-le hago caso, estoy deseando llegar.
Estamos haciendo cola para que nos den
las entradas. No estoy muy satisfecha con la película que vamos a
ver, pero como él la ha elegido, no puedo negarme. Odio las
películas de miedo y él lo sabe, está claro que lo ha hecho
aposta. Finalmente entramos en la sala y nos vamos a las butacas del
final, donde apenas hay gente y donde la iluminación es bastante
escasa. Sé cuales son sus intenciones y los dos sabemos bien que va
a pasar en probablemente pocos minutos. Nos sentamos e inmediatamente
pasa su brazo por detrás de mi hombro en forma de protección, sabe
lo mal que lo voy a pasar. Yo me limito a acurrucarme en su pecho.
Paso mi pierna derecha sobre la suya y la levanto hasta que mi
rodilla roza su paquete. Me mira con cara pícara y suelto una risita
tonta.
La película acaba de comenzar y ya
estoy aterrorizada. Intento mentalizarme repitiendo en mi cabeza que
nada de la película es cierto, todo por disminuir mi miedo. Miro a
mi derecha, donde no hay nadie ocupando los asientos. Estoy asustada
así que me aferro a su cuerpo. Él me acerca más y estamos cuerpo
con cuerpo. Gira la cabeza hacia mí y pega su boca en mi oreja.
-Deberías agacharte si tienes tanto
miedo y así ya no verás nada -al principio no lo entendí muy bien
pero cuando su mano empezó a hacer presión sobre mi nuca,
empujándola hacia abajo, lo entendí todo. Enseguida pude apreciar
su erección apretando el pantalón y curiosamente, el botón ya
estaba desabrochado y la cremallera bajada. Meto la mano en el
pantalón y acaricio su polla sobre el calzoncillo. Notaba como
endurecía bajo mi suave tacto. Elevo la vista y lo encuentro
sonriendo hacia la pantalla gigante. Masajeo la zona y hago escasos
círculos bajo la palma de mi mano. Sigo así hasta que noto la zona
humedeciéndose. Levanto la mano y la prenda está mojada. No espero
más para sacársela del pantalón. Está bastante grande y húmeda.
La agarro entre los finos dedos de ambas manos y aprieto levemente.
Chupo un poco la punta e intenta ahogar un gemido que solo oímos él
y yo. Siento sus manos sobre mi cabeza y me obliga a metérmela hasta
el fondo. Siento las arcadas pero no me pienso detener. Subo y bajo
mi cabeza a la vez que la saco e introduzco en mi boca con
intensidad, manteniendo el ritmo. Dejo la polla lo más adentro que
puedo de mi garganta y empiezo a girar mi lengua alrededor de ella.
Voy sacando la polla lentamente pero dejo en el interior de mi boca
la punta que ahora se encuentra inflamada y muy rosa. Paso mi lengua
por la raja del final, alentándola. No escucho la película, solo
puedo oír sus entrecortados suspiros. Solo puedo sentir los tirones
de pelo que me proporcionan sus manos situadas en forma de puño
sobre mi cabeza, agarrando varios mechones. Tira de ellos hacia
arriba haciéndome levantar la cabeza. -Buena chica. Para si no
quieres perderte la película.
-De hecho, no me importa.
-Shh que no me entero.
Estoy confundida, ambos estábamos
disfrutando de esa mamada... y estoy demasiado cachonda para dejarlo
así, a medias. Me enderezo y me quedo con la esperanza de que luego
me deje seguir. Me coloco como en la posición inicial. Veo como su
polla cambia de volumen, ya no es tan grande. Miro la pantalla y solo
veo sangre y tripas, todo muy asqueroso. Dudo que esta mierda le
pueda gustar a alguien, ni siquiera sé por donde va, estoy deseando
que termine y que me lleve a casa para dar fin a lo que había
empezado. Pasa el tiempo y yo solo puedo pensar en salir de una vez
de la sala, se me está haciendo eterno. Cierro los ojos y decido
relajarme sobre su hombro. Cierro los ojos y así pasan los minutos
hasta que una voz me susurra al oído.
-Vámonos, ahora empieza la parte de la
película que te gusta -me dice sonriendo.
Abro los ojos y así es, veo como la
gente se levanta lentamente de los asientos y avanzan hasta la puerta
de salida. Sin malgastar un solo segundo, lo agarro de la mano y
salimos pitando de ahí. Mi paso es acelerado en la calle, voy
esquivando a la gente y mientras tanto, Alex intenta no quedarse
atrás. Quién diría que él es el amo.
-Ey, ¿a qué viene tanta prisa? -dice
desde atrás.
-Necesito terminar lo de antes -digo.
Lo oigo reír detrás de mí. Hemos
llegado a los aparcamientos que se encuentran casi desiertos, por lo
que no me resulta difícil localizar el coche. Cada uno monta en su
correspondiente lugar pero antes de que él pueda meter las llaves y
arrancar el coche, decido pasarme a su lado, montándome encima suyo
con una pierna doblada a cada lado. Me agacho un poco para llegar
hasta la palanca del asiento y lo echo hacia atrás.
-Vaya, estás ansiosa zorrita.
Antes de que pueda seguir lo callo con
un beso intenso. Sujeto su cara entre ambas manos y las suyas van
bajando lentamente por mi espalda, proporcionándome suaves caricias
hasta llegar a mi culo, agarrando con cada una de sus manos mis
cachetes y apretándolos sin piedad. Suelto un pequeño grito y el
sonríe con orgullo. Noto su erección entre mis piernas y empiezo a
mover mis caderas hacia delante y atrás. Me pongo cachondísima en
apenas unos segundos. Me sujeta las caderas y las aprieta de vez en
cuando. No dejo de besarle, le doy pequeños besos de vez en cuando,
a veces bajando por su cuello o dirigiéndome a su oreja, donde
apenas muerdo el lóbulo.
-Espera, creo que deberíamos ir a un
lugar más discreto -susurra entre mis labios.
-Está bien -contesto automáticamente.
La verdad es que en estos momentos
puede hacer conmigo lo que le dé la gana. En realidad, siempre puede
hacerlo, y nunca desperdicia la ocasión.
Arranca el motor y sale de los
aparcamientos. Enseguida se incorpora a la autovía pero no pasa
mucho tiempo cuando se desvía por una salida. No sé dónde nos
lleva pero no me importa. El sol se está escondiendo en el horizonte
y el cielo se tiñe en diversas tonalidades de naranjas y violetas,
haciéndolo más bonito de lo normal. Sin saber cómo, nos
encontramos en una ancha carretera de tierra. A los lados solo se ven
cultivos. El lugar está completamente ausente de personas, es
perfecto, aquí nadie podrá vernos.
-Sal -me ordena mientras abre su puerta
y sale al exterior. Sigo sus pasos y me acerco hasta él. Sin verlo
venir, me pega a la ventana del conductor de un empujón y me besa
con fuerza. Enseguida paso una pierna sobre su cadera izquierda y el
pega aún más su cuerpo al mío. Agarra con su brazo derecho mi
pierna izquierda y la eleva llevándola a su cadera, de forma que mis
dos piernas se encuentran rodeando su cintura. Poco a poco, empiezo a
sentir como el bulto de su entrepierna crece, a la vez que la
temperatura de nuestros cuerpos. Me separa de la ventana y me lleva
cogida, sosteniéndome con los brazos bajo mis nalgas. Noto que me
tumba en una dura y plana superficie, el capó del coche. Esto se
pone interesante. Yo estoy abierta de piernas y el está acariciando
mis piernas, subiendo lentamente hasta llegar al interior de mis
muslos. Se aproxima hacia mis bragas y empieza a acariciar mi coño
húmedo sobre ella. Estoy demasiado cachonda, quiero que me haga
suya, así que bajo mis manos hasta sus vaqueros y empiezo a quitar
el botón. Él deja el tacto sobre mi cuerpo para dirigir sus manos a
la cremallera y bajarla rápidamente. Se baja los pantalones hasta
las rodillas junto al calzoncillo. Yo me dedico a mirar su enorme
polla. Llevo mi mano hasta ella y empiezo a subir y bajar con
lentitud. Me detengo en la zona sensible del final y hago delicados
círculos en ella. Él me agarra de la muñeca y la eleva hasta
dejarla por encima de mi cabeza. Me besa fugazmente y engancha sus
manos en cada extremo de mi braga, comenzando a bajarla con cuidado.
Mientras lo hace, yo mantengo mis piernas hacia arriba y por primera
vez en todo el tiempo que llevamos en este lugar, me preocupo por el
hecho de que alguien pueda observarnos. -Alex, ¿y si alguien nos
está viendo?
-Tranquila, no hay nadie... y si lo
hay, que disfrute.
Me río de su comentario y decido no
preocuparme, me agrada más la idea de disfrutar del momento. Deja
las bragas sobre el capó y se detiene para masajear mi clítoris,
proporcionándole delicados toques. Escupe en la entrada de mi coño
y me mete su dedo índice y corazón en la boca para mojarlos con mi
saliva para, seguidamente, introducirlos en mi coño y comenzar a
follarme rápido con ellos. No tardo mucho en empezar a gemir. Me
agarro ambas tetas por encima del vestido y el sujetador. Él, que me
ve, para y saca sus dedos de mi interior, se acerca a mí y me
levanta hasta dejarme sentada. Con sus manos intenta buscar la
cremallera del vestido y una vez que lo hace, la baja y desabrocha mi
sujetador. Me baja los tirantes de las dos prendas dejando mis
redondas y grandes tetas al aire.
-Pellízcalas -me ordena.
-Sí amo.
Me encanta tocarme las tetas, y más
pellizcarme los pezones así que lo hago gustosamente. Observo como
se pajea la punta de la polla y cuando se le ha mojado, la coloca
justo en la entrada de mi coño. No pasa mucho tiempo cuando ya la
noto en mi interior, entrando y saliendo con una velocidad elevada.
Los gemidos salen de ambas partes con fuerza. Los dos estamos
cachondísimos y pronto empiezo a sentir como algo se acerca en mi
interior. El ha aumentado el ritmo gradualmente y ahora va a una
velocidad imparable. Estoy muy cerca, a punto de rozar el orgasmo.
Mis fuertes gemidos me delatan y Alex se da cuenta. Él también está
a punto de llegar y de repente, disminuye el ritmo casi al máximo,
dando pequeñas y delicadas oleadas de placer por todo el cuerpo,
haciendo que todas y cada una de mis extremidades tiemblen bajo su
ser cansado. Noto como las sensaciones se aproximan a mí sin dejar
ni una sola parte de mi cuerpo libre, haciéndome llegar al más
intenso orgasmo que haya tenido nunca. Me corro entre sonoros gemidos
que salen una y otra vez de mi garganta. Siento como él se retuerce
en mi interior y da unas últimas lentas embestidas pero bruscas
embestidas y finalmente dejando su corrida en mi interior. Saca su
polla y me ayuda a bajar del capó.
-Límpiame zorra.
-Sí amo -contesto alegremente.
Me agacho y apoyo las rodillas sobre la
tierra del suelo, ensuciándolas un poco. Agarro su miembro entre mis
pequeñas manos y lo llevo a mi boca que ahora está seca y sedienta.
Chupo una y otra vez hasta dejarla limpia e impecable.
-Buena chica, es hora de volver a casa
-me tiende su mano y me ayuda a levantarme.
Mientras él se sube los calzoncillos y
los pantalones, yo me coloco las bragas. Montamos en el coche y tras
una larga e inolvidable tarde, emprendemos el rumbo de vuelta a casa.
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Si amo
viernes, 18 de abril de 2014
Buena chica [Parte 3]
Por el camino hacia la ducha pasamos por la cocina y yo me detengo a comer algo para recobrar fuerzas mientras ella sigue andando sin detenerse ni darse cuenta de que yo lo hago. Se aleja tranquilamente y desde mi posición veo como sus nalgas rebotan al ritmo de sus pasos, unas nalgas perfectamente redondas y, ahora, rojas.
Cojo el chocolate que hay sobre la mesa y parto un trozo para llevármelo a la boca mientras reanudo mi camino. Entro en el cuarto de baño al tiempo que acabo de comer y la veo a ella ya metida en la ducha mojándose esa tremenda melena mientras el agua cae por su desnudo cuerpo y lo hace aún más apetecible. Me acerco a ella por detrás y la rodeo por el vientre con mis manos al tiempo que acerco mi cuerpo al suyo hasta que estamos piel con piel. Ella gira la cabeza y acerca sus labios a los míos para darme un largo beso mientras mis manos van bajando entre caricias hasta su coño. Sin dejar de besarla empiezo a masajeárselo con calma mientras mis caderas se mueven, restregando mi polla por su culo. Voy aumentando el ritmo de mis dedos poco a poco y ella sonríe sin dejar de besarme. De hecho, casi de manera proporcional, sus besos son cada vez más intensos y su lengua está cada vez más juguetona.
Sin previo aviso, subo el ritmo al máximo y, tras un breve momento para prepararlo, suelta un gemido en mi boca al tiempo que su cuerpo se arquea. Se gira, deja de besarme y me mira a los ojos.
-Fóllame otra vez, por favor -me suplica.
Yo le sonrío y azoto su trasero para luego acercarla a mi aún más y mirarla a los ojos desde muy cerca.
-Veo que vas aprendiendo modales, buena chica. Sin embargo, no es el lugar más indicado para follar -contesto -. Ponte de rodillas.
Obedece al momento, nada satisfecha con lo que le acababa de decir, y me mira desde abajo.
-¿No te has olvidado de algo? -pregunto.
-Em... ¿no? -contesta perdida.
Sin mediar palabra me agacho, agarro uno de sus empalmados pezones y lo retuerzo hasta escuchar su queja, a la cual no hago ni caso y sigo apretando hasta que suelta gritando un ''¡Si amo!'' repetidas veces. Lo suelto y me levanto de nuevo.
-¿Cómo has dicho?
-¡Si amo! -me vuelve a gritar.
-Así mejor, que no se vuelva a repetir. Ahora cójeme la polla y métetela en la boca mientras yo me limpio.
-Si amo -dice, ahora, sin dudarlo.
Lo hace y empieza a chuparla como ella bien sabe hacer, ayudándose de sus manos para no dejar ni un centímetro al descubierto, lo cual me encanta y hace que mi erección sea cada vez mayor en su boca.
Mientras ella está ocupada, yo me voy enjabonando el cuerpo y el pelo tranquilamente. Cuando he acabado, la miro para comprobar que está entretenida y empiezo a quitarme el jabón, que va a caer a su cabeza y su cara, que no deja de moverse adelante y atrás.
-Amo, ¿puedo levantarme y lavarme yo también, por favor? -me pregunta sacándose un momento la polla de la boca.
-Tranquila, ya te lavo yo -contesto para su sorpresa y continúa comiéndomela.
Echo un poco de champú en mi mano y empiezo a masajearle la cabeza. Para que me sea más cómodo, ella se mueve menos y aprovecha más su lengua para juguetear con mi polla.
Tiene ya toda la cabeza llena de champú menos la parte de atrás. Llevo mi mano hasta allí y empiezo a hacer cada vez más fuerza hacia mi cuerpo al tiempo que acerco cada vez más mi vientre a su nariz. Mi polla está cada vez más cerca de su garganta y, de repente, se la meto de golpe. Ella no estaba preparada y la embestida le produce una arcada. Retiro un poco mi polla para que se recupere y se la vuelvo a meter hasta dentro. De nuevo, otra arcada, pero está vez no dejo que se safe y, no solo mantengo mi polla en la misma posición, sino que se la intento meter más, a lo que le acompaña otra nueva. Bajo la vista para disfrutar un momento de la vista, y se la saco. Nada más salir mi polla de su boca, toma mucho aire y me mira, probablemente, pensando en el horroroso ser que soy. Yo le sonrío y le doy unas palmaditas en la cara que suenan más de lo normal debido al efecto del agua.
-Límpiate un poco, anda -le concedo.
Se levanta sin dejar de mirarme ardiente de deseo y super cachonda.
-¿Puedo tocarme, amo? -pregunta creyéndose que mi respuesta va a ser la que ella espera.
-No -contesto ante su asombro.
-Pero...
-Pero nada -la corto -, creo recordar que él que manda aquí soy yo, ¿me equivoco?
-No -contesta agachando la cabeza -, perdón amo.
-Bien. De todas maneras, si te comportas como una buena perrita fiel -levanta la cabeza -, tendrás tu merecido premio.
Se le escapa un risita y un ''Si amo'' pone fin a la conversación.
Ella se queda en el cuarto de baño lavándose y yo voy ya a prepararme para la tarde. De camino a la habitación mi polla se había bajado y estaba en su estado natural, bastante más pequeña que hace un momento en la boca de Miriam.
Ya en la habitación, cojo mi móvil de la mesilla, me tiro desnudo en la cama y hago la rutina de siempre: poner música, revisar correo, twitter, whats app y demás. Una vez hecho todo y visto que la mierda abunda, empiezo a prepararme. Cuando estoy acabando de vestirme llega ella con solo una toalla rodeándole el pelo, dejando al descubierto su increíble cuerpo, que se acerca a mí. Se planta en mis narices y la beso con deseo mientras la agarro de las nalgas con fuerza.
Separa sus labios de los míos y se aproxima al cajón donde guarda su ropa interior.
-No necesitarás de eso hoy -le digo mientras sonrío.
Se para, me mira, me devuelve la sonrisa y me pregunta juguetona:
-¿Qué debería ponerme, amo?
-Me alegra que me preguntes, ponte el vestido ese -digo señalando a uno bastante ligero y corto de color naranja. Me gusta particularmente ese vestido en ella porque me deja muy accesible todo su cuerpo, especialmente las partes que me gustan más.
Ella obedece y se lo pone del tirón, acompañándolo con unos tacones negros. Está espléndida así vestida y su orgullo se le escapa por los ojos cuando se mira en el espejo y ve mis ojos clavados en ella.
Un cuarto de hora después estamos ya en el coche y de camino a lo que le tenía preparado. Es un trayecto de unos tres cuartos de hora y no puedo evitar jugar.
-Bájate eso -ordeno mientras voy bajando por su brazo uno de los tirantes.
-Si amo.
Se baja el vestido hasta la altura de la cadera y deja libres sus preciosas tetas. Vamos con las ventanillas abiertas y aún no hemos salido de la ciudad, por lo que las posibilidades de que se las vean son bastante altas, pero dudo que a ella le preocupe. Coloca su brazo derecho apoyado en el hueco de su ventanilla y se relaja en el asiento.
Seguimos así durante unos cinco minutos sin hablar de nada y escuchando la radio, que está bastante interesante a estas horas de la tarde. Al llegar a un semáforo en rojo nos detenemos y yo no puedo evitar deleitarme con su cuerpo. Ella me devuelve la mirada y sonríe al tiempo que se aprieta una de sus tetas.
-A ver ese coñito -le digo amablemente.
Sin dejar lo que estaba haciendo se remanga el vestido y deja a la vista su coño, que estaba algo húmedo aún después de todo y muy hambriento.
-Puedes tocarte si quieres, pero ni se te ocurra correrte, ¿entendido?
-Si amo -sonríe y lleva rápidamente la mano a su coño para empezar a hacer círculo sobre su clítoris.
La dejo a lo suyo y pronto el semáforo nos da paso, por lo que tengo que prestar atención a la carretera y solo puedo disfrutar del espectáculo en cortas ojeadas y cuando a ella se le escapa algún suspiro o pequeño gemido.
Pasa el tiempo y una media hora después estamos llegando al lugar. Tan solo nos quedarán unos seis o siete minutos y ella aún sigue a lo suyo, pero con bastante calma. Ahora con el dedo corazón metido en el coño entrando y saliendo despacio.
-Dale rápido -ordeno.
-Si amo -contesta. Y acata mi orden sin vacilar.
No mucho más tarde se empieza a escuchar su húmedo coño siendo penetrado con rapidez por dos dedos y sus gemidos saliendo de su boca en cortos intervalos. De hecho, muy cortos, y parece que esté a punto de correrse pero espero que recuerdo lo que le he dicho sobre eso.
Muy poco después su respiración es cada vez más rápida y sus gemidos son constantes. Se arquea en el asiento sin control mientras introduce más y más rápido sus dedos en su más que empapado coño. Reduzco la marcha y la miro como recordándole lo que le había dicho pero parece que pasa de mi orden y se corre ante mi cara de incredulidad. Sigue gimiendo y suspirando unos segundos después de haberse corrido y entonces decido tomar la palabra sin dejar de mirar a la carretera con seriedad.
-Te he avisado, ahora atente a las consecuencias de tu desobediencia zorra.
Cojo el chocolate que hay sobre la mesa y parto un trozo para llevármelo a la boca mientras reanudo mi camino. Entro en el cuarto de baño al tiempo que acabo de comer y la veo a ella ya metida en la ducha mojándose esa tremenda melena mientras el agua cae por su desnudo cuerpo y lo hace aún más apetecible. Me acerco a ella por detrás y la rodeo por el vientre con mis manos al tiempo que acerco mi cuerpo al suyo hasta que estamos piel con piel. Ella gira la cabeza y acerca sus labios a los míos para darme un largo beso mientras mis manos van bajando entre caricias hasta su coño. Sin dejar de besarla empiezo a masajeárselo con calma mientras mis caderas se mueven, restregando mi polla por su culo. Voy aumentando el ritmo de mis dedos poco a poco y ella sonríe sin dejar de besarme. De hecho, casi de manera proporcional, sus besos son cada vez más intensos y su lengua está cada vez más juguetona.
Sin previo aviso, subo el ritmo al máximo y, tras un breve momento para prepararlo, suelta un gemido en mi boca al tiempo que su cuerpo se arquea. Se gira, deja de besarme y me mira a los ojos.
-Fóllame otra vez, por favor -me suplica.
Yo le sonrío y azoto su trasero para luego acercarla a mi aún más y mirarla a los ojos desde muy cerca.
-Veo que vas aprendiendo modales, buena chica. Sin embargo, no es el lugar más indicado para follar -contesto -. Ponte de rodillas.
Obedece al momento, nada satisfecha con lo que le acababa de decir, y me mira desde abajo.
-¿No te has olvidado de algo? -pregunto.
-Em... ¿no? -contesta perdida.
Sin mediar palabra me agacho, agarro uno de sus empalmados pezones y lo retuerzo hasta escuchar su queja, a la cual no hago ni caso y sigo apretando hasta que suelta gritando un ''¡Si amo!'' repetidas veces. Lo suelto y me levanto de nuevo.
-¿Cómo has dicho?
-¡Si amo! -me vuelve a gritar.
-Así mejor, que no se vuelva a repetir. Ahora cójeme la polla y métetela en la boca mientras yo me limpio.
-Si amo -dice, ahora, sin dudarlo.
Lo hace y empieza a chuparla como ella bien sabe hacer, ayudándose de sus manos para no dejar ni un centímetro al descubierto, lo cual me encanta y hace que mi erección sea cada vez mayor en su boca.
Mientras ella está ocupada, yo me voy enjabonando el cuerpo y el pelo tranquilamente. Cuando he acabado, la miro para comprobar que está entretenida y empiezo a quitarme el jabón, que va a caer a su cabeza y su cara, que no deja de moverse adelante y atrás.
-Amo, ¿puedo levantarme y lavarme yo también, por favor? -me pregunta sacándose un momento la polla de la boca.
-Tranquila, ya te lavo yo -contesto para su sorpresa y continúa comiéndomela.
Echo un poco de champú en mi mano y empiezo a masajearle la cabeza. Para que me sea más cómodo, ella se mueve menos y aprovecha más su lengua para juguetear con mi polla.
Tiene ya toda la cabeza llena de champú menos la parte de atrás. Llevo mi mano hasta allí y empiezo a hacer cada vez más fuerza hacia mi cuerpo al tiempo que acerco cada vez más mi vientre a su nariz. Mi polla está cada vez más cerca de su garganta y, de repente, se la meto de golpe. Ella no estaba preparada y la embestida le produce una arcada. Retiro un poco mi polla para que se recupere y se la vuelvo a meter hasta dentro. De nuevo, otra arcada, pero está vez no dejo que se safe y, no solo mantengo mi polla en la misma posición, sino que se la intento meter más, a lo que le acompaña otra nueva. Bajo la vista para disfrutar un momento de la vista, y se la saco. Nada más salir mi polla de su boca, toma mucho aire y me mira, probablemente, pensando en el horroroso ser que soy. Yo le sonrío y le doy unas palmaditas en la cara que suenan más de lo normal debido al efecto del agua.
-Límpiate un poco, anda -le concedo.
Se levanta sin dejar de mirarme ardiente de deseo y super cachonda.
-¿Puedo tocarme, amo? -pregunta creyéndose que mi respuesta va a ser la que ella espera.
-No -contesto ante su asombro.
-Pero...
-Pero nada -la corto -, creo recordar que él que manda aquí soy yo, ¿me equivoco?
-No -contesta agachando la cabeza -, perdón amo.
-Bien. De todas maneras, si te comportas como una buena perrita fiel -levanta la cabeza -, tendrás tu merecido premio.
Se le escapa un risita y un ''Si amo'' pone fin a la conversación.
Ella se queda en el cuarto de baño lavándose y yo voy ya a prepararme para la tarde. De camino a la habitación mi polla se había bajado y estaba en su estado natural, bastante más pequeña que hace un momento en la boca de Miriam.
Ya en la habitación, cojo mi móvil de la mesilla, me tiro desnudo en la cama y hago la rutina de siempre: poner música, revisar correo, twitter, whats app y demás. Una vez hecho todo y visto que la mierda abunda, empiezo a prepararme. Cuando estoy acabando de vestirme llega ella con solo una toalla rodeándole el pelo, dejando al descubierto su increíble cuerpo, que se acerca a mí. Se planta en mis narices y la beso con deseo mientras la agarro de las nalgas con fuerza.
Separa sus labios de los míos y se aproxima al cajón donde guarda su ropa interior.
-No necesitarás de eso hoy -le digo mientras sonrío.
Se para, me mira, me devuelve la sonrisa y me pregunta juguetona:
-¿Qué debería ponerme, amo?
-Me alegra que me preguntes, ponte el vestido ese -digo señalando a uno bastante ligero y corto de color naranja. Me gusta particularmente ese vestido en ella porque me deja muy accesible todo su cuerpo, especialmente las partes que me gustan más.
Ella obedece y se lo pone del tirón, acompañándolo con unos tacones negros. Está espléndida así vestida y su orgullo se le escapa por los ojos cuando se mira en el espejo y ve mis ojos clavados en ella.
Un cuarto de hora después estamos ya en el coche y de camino a lo que le tenía preparado. Es un trayecto de unos tres cuartos de hora y no puedo evitar jugar.
-Bájate eso -ordeno mientras voy bajando por su brazo uno de los tirantes.
-Si amo.
Se baja el vestido hasta la altura de la cadera y deja libres sus preciosas tetas. Vamos con las ventanillas abiertas y aún no hemos salido de la ciudad, por lo que las posibilidades de que se las vean son bastante altas, pero dudo que a ella le preocupe. Coloca su brazo derecho apoyado en el hueco de su ventanilla y se relaja en el asiento.
Seguimos así durante unos cinco minutos sin hablar de nada y escuchando la radio, que está bastante interesante a estas horas de la tarde. Al llegar a un semáforo en rojo nos detenemos y yo no puedo evitar deleitarme con su cuerpo. Ella me devuelve la mirada y sonríe al tiempo que se aprieta una de sus tetas.
-A ver ese coñito -le digo amablemente.
Sin dejar lo que estaba haciendo se remanga el vestido y deja a la vista su coño, que estaba algo húmedo aún después de todo y muy hambriento.
-Puedes tocarte si quieres, pero ni se te ocurra correrte, ¿entendido?
-Si amo -sonríe y lleva rápidamente la mano a su coño para empezar a hacer círculo sobre su clítoris.
La dejo a lo suyo y pronto el semáforo nos da paso, por lo que tengo que prestar atención a la carretera y solo puedo disfrutar del espectáculo en cortas ojeadas y cuando a ella se le escapa algún suspiro o pequeño gemido.
Pasa el tiempo y una media hora después estamos llegando al lugar. Tan solo nos quedarán unos seis o siete minutos y ella aún sigue a lo suyo, pero con bastante calma. Ahora con el dedo corazón metido en el coño entrando y saliendo despacio.
-Dale rápido -ordeno.
-Si amo -contesta. Y acata mi orden sin vacilar.
No mucho más tarde se empieza a escuchar su húmedo coño siendo penetrado con rapidez por dos dedos y sus gemidos saliendo de su boca en cortos intervalos. De hecho, muy cortos, y parece que esté a punto de correrse pero espero que recuerdo lo que le he dicho sobre eso.
Muy poco después su respiración es cada vez más rápida y sus gemidos son constantes. Se arquea en el asiento sin control mientras introduce más y más rápido sus dedos en su más que empapado coño. Reduzco la marcha y la miro como recordándole lo que le había dicho pero parece que pasa de mi orden y se corre ante mi cara de incredulidad. Sigue gimiendo y suspirando unos segundos después de haberse corrido y entonces decido tomar la palabra sin dejar de mirar a la carretera con seriedad.
-Te he avisado, ahora atente a las consecuencias de tu desobediencia zorra.
miércoles, 16 de abril de 2014
Si amo [Parte 2]
Los primeros rayos de sol se filtran
por la ventana, alumbrando la habitación y haciéndome abrir los
ojos. Es temprano pero no tengo sueño. Doy media vuelta y ahí está,
tumbado y profundamente dormido. La fina sábana cubre su cuerpo
dejando a la vista únicamente su desnudo torso. Me dedico a
observarlo, podría hacerlo durante horas pero prefiero tomar una
mejor decisión. Me siento en la cama y retiro cuidadosamente la fina
tela de su bronceado cuerpo. Los pelos cubren su pecho y se estrechan
en un fino sendero cruzando su barriga, pasando por su ombligo y
llegando a su pelvis. Me encanta su cuerpo, tocar todas y cada una de
sus partes. Estiro mi brazo y empiezo a dar suaves y lentas caricias
bajo su ombligo. Poco a poco, mi mano va bajando hasta encontrarse
justo por encima de la fruta prohibida, la guinda del pastel. Veo
como su erección aumenta en pocos segundos y ya sé que está
cachondo. Pero aún no quiero hacerlo despertar, quiero disfrutar de
mi libertad para tocarlo y hacer con él lo que yo quiera antes de
que abra los ojos y su mente controladora empiece a mandar. Me
encanta que sea mi amo pero también me gusta ser yo la que lleva el
guión. Dejo el contacto con esa zona de la piel y llevo mi mano a su
barriga, lentamente subiendo por su torso y haciendo erizar su piel
bajo mi mano. Doy leves besos en la zona de sus pezones y me aproximo
a su cuello. Tengo suerte al saber que no despertará así que
aprovecho cada milímetro de zona por la que paso. Tengo el coño
palpitante y seguramente ya esté mojado, así que llevo mi dedo
índice hasta él y lo paso por la zona, empapándolo de mis fluidos
y llevándolo a mi boca, donde lo chupo gustosamente. Tengo ganas de
jugar antes de despertar a la fiera, por lo que voy al armario y
busco en el fondo de uno de los últimos cajones. Aquí es donde
guardamos todo tipo de juguetes. Ante la duda de cual escoger, me
acabo decidiendo por mi favorito, un dildo, todo un clásico. Cierro
el cajón y me dirijo al cuarto de baño pero antes de adentrarme en
él, me fijo en el hombre que se encuentra durmiendo en la cama. Me
acerco y lo arropo, y antes de dejar el cuarto le doy un ligero beso
en los labios. Al entrar, me voy directamente al pequeño armario
situado al lado del espejo. Cojo el bote de lubricante, pero no sé
muy bien donde colocarme. Pienso en meterme en la bañera pero no
quiero tardar mucho así que acabo sentada sobre la tapa del váter.
Tengo las piernas en alto y bien abiertas, sosteniendo un pie en el
filo de la bañera y otro en el vidé. Echo un poco de lubricante en
la entrada de mi vagina y otro poco sobre el objeto de látex. Con el
dildo masajeo lentamente mi clítoris, proporcionándome leves
escalofríos por todo mi cuerpo. Lo muevo dibujando círculos y noto
como me acelero en un momento. Sin perder mucho tiempo, empiezo a
introducirlo lentamente en mi interior y suelto un pequeño gemido.
Intento no hacer mucho ruido mientras lo meto y saco lentamente,
aunque no puedo evitar soltar gemidos apenas audibles. Aumento el
ritmo y las pulsaciones se aceleran, estoy muy cachonda. Sigo
introduciendo el dildo cada vez con más rapidez para sacarlo de
nuevo. Estoy sintiendo como me acerco pero no voy a correrme ahora,
así que decido parar antes de que no pueda controlarme. Saco el
dildo de mi coño y me lo llevo a la boca para saborear la sustancia.
El sabor a fresa del lubricante se mezcla con mis fluidos salados,
haciéndome experimentar una grata sensación. Una vez que lo he
limpiado con la saliva de mi boca, me levanto y me voy al cuarto.
Nada más llegar, dejo el objeto sobre mi mesilla. Dirijo mi vista
hacia la cama y él aún duerme. Miro la hora en mi móvil y solo son
las 9.30 de la mañana. Por segunda vez, lo destapo y veo que está
empalmado, quién sabe lo que está soñando. Me subo a la cama y me
arrodillo entre sus piernas como puedo, intentando no despertarlo.
Sostengo su polla en mi mano derecha sin apretar demasiado y empiezo
a subir y bajar con lentitud. Creo que debo apretar un poco más e
inmediatamente la erección va en aumento. Estiro la piel que rodea
su capullo hacia atrás y ya no aguanto más. Me meto la polla en la
boca y empiezo a deslizar la boca alrededor de ella de arriba a
abajo. Aprieto con fuerza sus huevos y lo oigo soltar un gemido. Mi
vista se eleva y me encuentro con sus ojos abiertos. Me miran con
lujuria y ganas de placer, a la vez que una pequeña sonrisa adorna
su rostro. Su polla sale de mi boca. -Buenos días, amo – le digo
sonriente y enseguida introduzco su polla hasta el fondo.
Empiezo a hacer ligeros movimientos
delante y atrás con mi cabeza y enseguida escucho suspiros escaparse
de su garganta.
-Buenos días zorrita. -lo oigo hablar
vagamente.
Quiero follármelo y como veo que hoy
está calmado, me saco la polla de mi boca y me subo colocando las
rodillas a cada lado de sus caderas. Cojo la polla entre mis manos y
empiezo a frotarla contra la entrada de mi coño y luego por mi
clítoris, haciéndolo palpitar.
-¿Puedo follarte, por favor?
-Mm por supuesto que puedes – dice
con cara pícara.
Lleva sus manos a mis caderas y yo me
agarro a uno de sus brazos mientras que con mi otra mano me ayudo a
metérmela en mi interior. Una vez dentro, estoy sentada sobre él y
puedo sentir su enorme polla completamente dentro de mí. Empiezo a
mover mis caderas en círculos lentamente y los gemidos de ambos no
tardan en aparecer. Noto mis pezones empalmarse y me entran ganas de
pellizcarlos, así que llevo mi mano izquierda a mi pezón izquierdo
y no me privo de darme el gusto. Acelero el ritmo pero pronto decido
cambiar y dejo de dibujar círculos. Empiezo a dar pequeños saltitos
sobre la polla. Siento sus manos apretarse con fuerza en mis caderas
y yo aumento el ritmo. Desde aquí arriba puedo ver el placer que
está sintiendo, los dos estamos muy cachondos.
-¡Ah! -grita el a modo de gemido -.
Para, aún no nos vamos a correr, perrita.
-Si amo -me limito a responder y me
bajo inmediatamente de encima suyo.
-Ponte a cuatro patas.
-Si amo
Hago lo que me ordena, como siempre. Él
se coloca detrás de mi culo.
-¿Qué hace ese dildo en la mesilla?
-lo miro y lo encuentro con el ceño fruncido.
-Quise divertirme un poco -digo
inocentemente.
-¿Y quién te ha dado permiso?
Me temo lo peor, no sé si está
realmente enfadado o si solo está fingiendo y trata de asustarme.
-Nadie, perdón amo -digo cabizbaja.
Chasca la lengua varias veces.
-Te voy a dar unos azotes, mereces un
castigo.
-Si amo -una parte en mí se está
alegrando, me encanta que me azote y él lo sabe, me pone muy
cachonda, pero otra parte le teme, sé muy bien lo suelta que su mano
puede llegar a ser cuando se lo propone.
Empieza a acariciar mi cachete derecho
y sé lo que se aproxima. A los tres segundos dejo de sentir el calor
de su mano y sin darme cuenta, esta está chocando fuertemente en mi
cacha. Grito del dolor, sabía que me daría fuerte. Sin apenas darme
un respiro, su mano vuelve a elevarse y a golpear duramente mi cacha.
El proceso se repite unas dos veces más.
-¿Quieres que siga, zorra
desobediente?
-No amo, para por favor.
-Sabes que te has portado mal -tras
decir esto me azota fuertemente y yo sigo gritando de dolor.
Aún así, seguía cachonda, no podía
evitarlo.
-Soy un buen amo así que voy a darte
un último azote y luego voy a follarte el ano.
Y efectivamente, eso es lo que hace. El
dolor y el placer se han acoplado en todo mi cuerpo y no están
dispuestos a dejarlo, yo tampoco quiero que lo dejen.
-Eres una buena chica... -dice mientras
acaricia mi dolorida cacha.
-Gracias amo.
Lo oigo escupir y al instante noto su
saliva en mi ano. Siento su polla haciendo presión. Toco mi coño y
está más mojado que nunca. Llevo el dedo a mi boca y saboreo. Su
polla se está introduciendo con cuidado en mi ano. Estoy muy
cachonda y quiero que me folle rápido. Cuando termina de
introducirla la saca al mismo ritmo. La vuelve a meter y de nuevo la
saca. A la tercera vez que repite la acción, el ritmo ha aumentado.
Estoy muy agitada y cansada, quiero estar cerca y correrme. Su polla
está entrando y saliendo constantemente a una velocidad irregular y
puedo sentir mis piernas temblar. Los gemidos no dejan de salir. Me
estoy acercando y él gime pero mis gritos se oyen mil veces más que
los suyos. Noto su polla penetrando y es una sensación única. Él
clava sus dedos en mis caderas y la rapidez de sus embestidas es
incontrolable. De repente, las embestidas cesan y noto el líquido
caliente penetrando mi interior. Se ha corrido, pero se da cuenta que
yo aún no así que vuelve a acelerar el ritmo. Mis brazos tiemblan y
el sudor se acumula en mi frente. Y sin apenas darme cuenta, el
placer se deshace en mi interior, al fin he llegado. Ha sido un buen
orgasmo sin duda. Alex sale de mi interior y se recuesta en la cama.
Yo sigo sus pasos y me recuesto en su antebrazo. Él me abraza y me
besa
-¿Desayunamos? -pregunta con una
inmensa sonrisa de satisfacción.
-Claro.
Le doy un beso y me levanto de la cama.
Él también se levanta y viene detrás mío. Sin previo aviso me
azota en una cacha, haciéndome dar un pequeño brinco. Sin duda,
esta es una buena forma de comenzar el día.
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