Los primeros rayos de sol se filtran
por la ventana, alumbrando la habitación y haciéndome abrir los
ojos. Es temprano pero no tengo sueño. Doy media vuelta y ahí está,
tumbado y profundamente dormido. La fina sábana cubre su cuerpo
dejando a la vista únicamente su desnudo torso. Me dedico a
observarlo, podría hacerlo durante horas pero prefiero tomar una
mejor decisión. Me siento en la cama y retiro cuidadosamente la fina
tela de su bronceado cuerpo. Los pelos cubren su pecho y se estrechan
en un fino sendero cruzando su barriga, pasando por su ombligo y
llegando a su pelvis. Me encanta su cuerpo, tocar todas y cada una de
sus partes. Estiro mi brazo y empiezo a dar suaves y lentas caricias
bajo su ombligo. Poco a poco, mi mano va bajando hasta encontrarse
justo por encima de la fruta prohibida, la guinda del pastel. Veo
como su erección aumenta en pocos segundos y ya sé que está
cachondo. Pero aún no quiero hacerlo despertar, quiero disfrutar de
mi libertad para tocarlo y hacer con él lo que yo quiera antes de
que abra los ojos y su mente controladora empiece a mandar. Me
encanta que sea mi amo pero también me gusta ser yo la que lleva el
guión. Dejo el contacto con esa zona de la piel y llevo mi mano a su
barriga, lentamente subiendo por su torso y haciendo erizar su piel
bajo mi mano. Doy leves besos en la zona de sus pezones y me aproximo
a su cuello. Tengo suerte al saber que no despertará así que
aprovecho cada milímetro de zona por la que paso. Tengo el coño
palpitante y seguramente ya esté mojado, así que llevo mi dedo
índice hasta él y lo paso por la zona, empapándolo de mis fluidos
y llevándolo a mi boca, donde lo chupo gustosamente. Tengo ganas de
jugar antes de despertar a la fiera, por lo que voy al armario y
busco en el fondo de uno de los últimos cajones. Aquí es donde
guardamos todo tipo de juguetes. Ante la duda de cual escoger, me
acabo decidiendo por mi favorito, un dildo, todo un clásico. Cierro
el cajón y me dirijo al cuarto de baño pero antes de adentrarme en
él, me fijo en el hombre que se encuentra durmiendo en la cama. Me
acerco y lo arropo, y antes de dejar el cuarto le doy un ligero beso
en los labios. Al entrar, me voy directamente al pequeño armario
situado al lado del espejo. Cojo el bote de lubricante, pero no sé
muy bien donde colocarme. Pienso en meterme en la bañera pero no
quiero tardar mucho así que acabo sentada sobre la tapa del váter.
Tengo las piernas en alto y bien abiertas, sosteniendo un pie en el
filo de la bañera y otro en el vidé. Echo un poco de lubricante en
la entrada de mi vagina y otro poco sobre el objeto de látex. Con el
dildo masajeo lentamente mi clítoris, proporcionándome leves
escalofríos por todo mi cuerpo. Lo muevo dibujando círculos y noto
como me acelero en un momento. Sin perder mucho tiempo, empiezo a
introducirlo lentamente en mi interior y suelto un pequeño gemido.
Intento no hacer mucho ruido mientras lo meto y saco lentamente,
aunque no puedo evitar soltar gemidos apenas audibles. Aumento el
ritmo y las pulsaciones se aceleran, estoy muy cachonda. Sigo
introduciendo el dildo cada vez con más rapidez para sacarlo de
nuevo. Estoy sintiendo como me acerco pero no voy a correrme ahora,
así que decido parar antes de que no pueda controlarme. Saco el
dildo de mi coño y me lo llevo a la boca para saborear la sustancia.
El sabor a fresa del lubricante se mezcla con mis fluidos salados,
haciéndome experimentar una grata sensación. Una vez que lo he
limpiado con la saliva de mi boca, me levanto y me voy al cuarto.
Nada más llegar, dejo el objeto sobre mi mesilla. Dirijo mi vista
hacia la cama y él aún duerme. Miro la hora en mi móvil y solo son
las 9.30 de la mañana. Por segunda vez, lo destapo y veo que está
empalmado, quién sabe lo que está soñando. Me subo a la cama y me
arrodillo entre sus piernas como puedo, intentando no despertarlo.
Sostengo su polla en mi mano derecha sin apretar demasiado y empiezo
a subir y bajar con lentitud. Creo que debo apretar un poco más e
inmediatamente la erección va en aumento. Estiro la piel que rodea
su capullo hacia atrás y ya no aguanto más. Me meto la polla en la
boca y empiezo a deslizar la boca alrededor de ella de arriba a
abajo. Aprieto con fuerza sus huevos y lo oigo soltar un gemido. Mi
vista se eleva y me encuentro con sus ojos abiertos. Me miran con
lujuria y ganas de placer, a la vez que una pequeña sonrisa adorna
su rostro. Su polla sale de mi boca. -Buenos días, amo – le digo
sonriente y enseguida introduzco su polla hasta el fondo.
Empiezo a hacer ligeros movimientos
delante y atrás con mi cabeza y enseguida escucho suspiros escaparse
de su garganta.
-Buenos días zorrita. -lo oigo hablar
vagamente.
Quiero follármelo y como veo que hoy
está calmado, me saco la polla de mi boca y me subo colocando las
rodillas a cada lado de sus caderas. Cojo la polla entre mis manos y
empiezo a frotarla contra la entrada de mi coño y luego por mi
clítoris, haciéndolo palpitar.
-¿Puedo follarte, por favor?
-Mm por supuesto que puedes – dice
con cara pícara.
Lleva sus manos a mis caderas y yo me
agarro a uno de sus brazos mientras que con mi otra mano me ayudo a
metérmela en mi interior. Una vez dentro, estoy sentada sobre él y
puedo sentir su enorme polla completamente dentro de mí. Empiezo a
mover mis caderas en círculos lentamente y los gemidos de ambos no
tardan en aparecer. Noto mis pezones empalmarse y me entran ganas de
pellizcarlos, así que llevo mi mano izquierda a mi pezón izquierdo
y no me privo de darme el gusto. Acelero el ritmo pero pronto decido
cambiar y dejo de dibujar círculos. Empiezo a dar pequeños saltitos
sobre la polla. Siento sus manos apretarse con fuerza en mis caderas
y yo aumento el ritmo. Desde aquí arriba puedo ver el placer que
está sintiendo, los dos estamos muy cachondos.
-¡Ah! -grita el a modo de gemido -.
Para, aún no nos vamos a correr, perrita.
-Si amo -me limito a responder y me
bajo inmediatamente de encima suyo.
-Ponte a cuatro patas.
-Si amo
Hago lo que me ordena, como siempre. Él
se coloca detrás de mi culo.
-¿Qué hace ese dildo en la mesilla?
-lo miro y lo encuentro con el ceño fruncido.
-Quise divertirme un poco -digo
inocentemente.
-¿Y quién te ha dado permiso?
Me temo lo peor, no sé si está
realmente enfadado o si solo está fingiendo y trata de asustarme.
-Nadie, perdón amo -digo cabizbaja.
Chasca la lengua varias veces.
-Te voy a dar unos azotes, mereces un
castigo.
-Si amo -una parte en mí se está
alegrando, me encanta que me azote y él lo sabe, me pone muy
cachonda, pero otra parte le teme, sé muy bien lo suelta que su mano
puede llegar a ser cuando se lo propone.
Empieza a acariciar mi cachete derecho
y sé lo que se aproxima. A los tres segundos dejo de sentir el calor
de su mano y sin darme cuenta, esta está chocando fuertemente en mi
cacha. Grito del dolor, sabía que me daría fuerte. Sin apenas darme
un respiro, su mano vuelve a elevarse y a golpear duramente mi cacha.
El proceso se repite unas dos veces más.
-¿Quieres que siga, zorra
desobediente?
-No amo, para por favor.
-Sabes que te has portado mal -tras
decir esto me azota fuertemente y yo sigo gritando de dolor.
Aún así, seguía cachonda, no podía
evitarlo.
-Soy un buen amo así que voy a darte
un último azote y luego voy a follarte el ano.
Y efectivamente, eso es lo que hace. El
dolor y el placer se han acoplado en todo mi cuerpo y no están
dispuestos a dejarlo, yo tampoco quiero que lo dejen.
-Eres una buena chica... -dice mientras
acaricia mi dolorida cacha.
-Gracias amo.
Lo oigo escupir y al instante noto su
saliva en mi ano. Siento su polla haciendo presión. Toco mi coño y
está más mojado que nunca. Llevo el dedo a mi boca y saboreo. Su
polla se está introduciendo con cuidado en mi ano. Estoy muy
cachonda y quiero que me folle rápido. Cuando termina de
introducirla la saca al mismo ritmo. La vuelve a meter y de nuevo la
saca. A la tercera vez que repite la acción, el ritmo ha aumentado.
Estoy muy agitada y cansada, quiero estar cerca y correrme. Su polla
está entrando y saliendo constantemente a una velocidad irregular y
puedo sentir mis piernas temblar. Los gemidos no dejan de salir. Me
estoy acercando y él gime pero mis gritos se oyen mil veces más que
los suyos. Noto su polla penetrando y es una sensación única. Él
clava sus dedos en mis caderas y la rapidez de sus embestidas es
incontrolable. De repente, las embestidas cesan y noto el líquido
caliente penetrando mi interior. Se ha corrido, pero se da cuenta que
yo aún no así que vuelve a acelerar el ritmo. Mis brazos tiemblan y
el sudor se acumula en mi frente. Y sin apenas darme cuenta, el
placer se deshace en mi interior, al fin he llegado. Ha sido un buen
orgasmo sin duda. Alex sale de mi interior y se recuesta en la cama.
Yo sigo sus pasos y me recuesto en su antebrazo. Él me abraza y me
besa
-¿Desayunamos? -pregunta con una
inmensa sonrisa de satisfacción.
-Claro.
Le doy un beso y me levanto de la cama.
Él también se levanta y viene detrás mío. Sin previo aviso me
azota en una cacha, haciéndome dar un pequeño brinco. Sin duda,
esta es una buena forma de comenzar el día.
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