Voy montada en el coche de vuelta a
casa, ha sido un buen partido el de hoy. Estoy acostumbrada a ganar
después de llevar entrenando más de tres años en los que el voley
ha sido mi vida. Me detengo en un semáforo- momento prefecto para
darle vueltas a varias cosas-. Al llegar a casa me ducharé, pienso.
Ay, adoro la ducha, se me hace imposible recordar cuantos orgasmos he
tenido en ese lugar, demasiadas corridas... Recuerdo la de la semana
pasada, fue una de las mejores. Alex frotándome la esponja repetidas
veces por mi coño, rozando mi clítoris una y otra vez... umm. El
pitido del coche de detrás me hace despertar de mi ensoñación y me
apresuro a avanzar.
Estoy aparcando y veo que no está el
BMW de Alex, habrá salido. Entro en casa y el silencio envuelve el
entorno. Estoy sudada y necesito quitarme cuanto antes la ropa así
que cojo una toalla y me meto en el baño. Enciendo el grifo del agua
caliente. Me deshago de la camiseta y las mayas y me quedo solo con
el sujetador. Cuando voy a quitarlo, me encuentro frente al espejo y
puedo ver a través de él mis pezones empalmados. Umm... creo que
estaría bien jugar un poco... Los rozo con mis dedos y la piel se
eriza. Pellizco fuerte y no puedo evitar soltar un leve gemido. Me
quito las bragas y rozo con mi dedo corazón la entrada de mi coño
-húmedo como a mí me gusta- y paso el dedo por el clítoris. ¡Ahh!
que exquisita sensación. Decido entrar a la ducha y el agua está
tibia, perfecta. El agua sale a chorros medianamente fuertes y van
directos a mi coño, oh que bien sienta esto. Cojo el champú y
enjabono la larga melena y masajeo lentamente. De repente, escucho la
puerta del baño abrirse para seguidamente cerrarse. Aparto la
cortina y ahí está él, con su típica cara de controlador. Empieza
a desnudarse rápidamente y en un abrir y cerrar de ojos solo lleva
sus calzoncillos, esos que me hacen ver su erección apretando
fuerte. Joder, que ganas me dan de chupársela. Se deshace de ellos y
se introduce en la bañera sentándose frente a mí. Su seriedad a
veces me asusta pero otras, me pone cachonda, es tan autoritario..
Apaga el grifo y la bañera aún no está muy llena, por lo que puedo
ver su polla sobresalir, asomada como la mirilla de un tanque
submarino... Deduzco que está bastante dura. Me muero de ganas por
llevar mi boca hasta ahí y pasar mi lengua una y otra vez por el
rosado capullo que adorna el final.
-¿Quieres mamarla, zorrita? -me
pregunta mientras me mira a los ojos y mueve la polla con su mano.
-¡Sí! -respondo eufóricamente.
-Umm... -se la menea felizmente -creo
que no es el momento.
Tras decir esto, coge el bote de gel y
empieza a enjabonar sus brazos, su pecho, su polla... su mano sube y
baja lentamente, frotando con delicadeza. Noto que ha crecido, ahora
es más grande que antes. Cojo la alcachofa y empiezo a enjuagar el
jabón en mi pelo.
Poco después, él sale de la bañera
cuando yo termino. Me tiende la mano para ayudarme a salir y me cubre
con la misma toalla que se encuentra rodeando su espalda. Me abraza
por detrás para que no coja frío y puedo sentir su gran erección
empujando mi espalda y en ese momento, puedo notar las pulsaciones
acelerándose.
Cuando estamos más secos, él toma mi
mano, me dirige por el pasillo y me hace entrar en nuestra
habitación. Me besa con fuerza, intensamente, y decido ser yo quien
mande ahora. Lo empujo y él se tira sobre la cama. Está tumbado
boca arriba completamente desnudo. Su polla ha bajado pero eso no es
ningún problema, yo lo arreglo. Subo a la cama y me coloco de
rodillas entre sus piernas. Lo miro y veo la ansiedad en su rostro.
Agarro sus huevos y empiezo dándoles un lento masaje. Su polla
endurece y decido agarrarla de una vez por todas. Tengo demasiadas
ganas de tenerla en mi boca así que no me detengo ni un segundo. Doy
pequeños lametazos a la punta. Está salada, sabe deliciosa. La
introduzco poco a poco pero él me empuja bruscamente y me la mete
hasta la garganta de un solo tirón. Enseguida la saco de mi boca
junto con una buena arcada. Él sonríe, orgulloso de su acto. En
este segundo intento yo misma la meto hasta el fondo rápidamente
antes de que él pueda volver a hacer lo de antes. Muevo mi lengua,
rodeo la polla con ella, le doy vueltas y la paso de arriba a abajo.
La saco y está mucho más crecida que antes. Empiezo a pajearla
rápido y observo su cara de placer. Vuelvo a meterla en mi boca para
sacarla y volverla a meter repetidas veces. La chupo a los lados y
succiono con fuerza la punta. Él me agarra de los pelos y me hace
subir la cara hasta que mi vista choca con la suya.
-Para. -me agarra de las muñecas y me
sube encima de su torso.
Se da la vuelta y me deja boca abajo,
se levanta de la cama y lo veo rebuscar en la mesilla del lado
derecho de la cabecera. Saca unas esposas. Umm esto me gusta...
-Estira los brazos -me ordena.
Lo hago pero me mira con enfado,
-¿Qué se dice? -enseguida reacciono
-Sí, amo.
-Buena chica -me dice mientras sonría
orgulloso.
Me ata a los barrotes de la cama, estoy
indefensa. Se sube a la cama y se coloca justo detrás de mis
piernas, que se encuentran dobladas hacia arriba.
-Ahora te voy a follar rápido,
¿entendido?
-Sí, amo.
Con su mano sostiene el capullo pegado
a la entrada de mi coño, tocando con mis labios mayores. Lo acaricia
con ella, la pasa de arriba a abajo hasta que finalmente me la mete
bruscamente y un fuerte gemido escapa de lo más profundo de mi
garganta. La saca solo un poco, lentamente. La vuelve a meter con
fuerza y esta vez empieza una carrera de embestidas una tras otra sin
descanso. Siento mis entrañas estremeciéndose, se aproxima, estoy
cerca. Los gemidos no dejan de oírse en la habitación, cada vez más
fuertes. Estoy ansiosa, quiero tocarlo pero no puedo, las esposas me
lo impiden.
-¿Quieres correrte, zorrita? -pregunta
sin dejar de follarme.
-Sí, por favor amo -contesto ligera.
-Umm... creo que mejor no -dice
mientras me mira maliciosamente y saca su enorme y dura polla.
Él también está cerca. Se aproxima
por mis piernas hasta mis tetas, agarra ambas y las aprieta con
fuerza. Gimo. El dolor y el placer es una de las mejores sensaciones
que haya experimentado jamás y él lo sabe. Rodea sus labios
alrededor de mi pezón izquierdo y mueve su lengua de un lado a otro
sin cesar, da leves mordiscos y succiona hasta dejarlo rojo, mientras
que con la otra mano pellizca el pezón derecho. Cuando cree que es
suficiente, se detiene para irse al otro pezón y repetir la misma
acción que con el izquierdo. El coño me palpita y lo noto ardiendo.
Por fin cesa y vuelve a la posición inicial.
-Te vas a correr cuando yo te lo
ordene, ¿vale?
-Sí, amo -pongo mi mejor cara de santa
para que se apiade de mí y me deje correrme rápido. Introduce la
polla lentamente y gimo. Noto la sangre subiendo a mi cabeza y no
quiero esperar más. Empieza a follarme rápido y noto que de nuevo
estoy cerca. Él sigue dando embestidas y yo ya no aguanto.
-Córrete ahora- ordena.
Sin duda alguna, a la segunda embestida
exploto en mil pedazos y el placer desborda mi cuerpo. Ya está, me
corrí pero él me sigue follando. El sudor se refleja en su frente.
Acelera el ritmo, se va a correr ya. Poco después, sostiene mis
caderas con fuerza y saca y mete su polla rápidamente hasta que
finalmente se corre dejándome toda su leche en mi interior. Retira
su polla de mi coño, al tiempo que algunas gotas salen de él, y se
aproxima de rodillas a mi cara. Me quita las esposas, me besa los
labios pausadamente y me sonríe.
-Buena chica...
No hay comentarios:
Publicar un comentario